Al colocarnos un implante dental, los síntomas postoperatorios, habitualmente incluyen sangrado, dolor o inflamación, son síntomas de los que no hay que preocuparse. Sin embargo, si se trata de un puente dental, lo que el paciente experimenta, como mucho, es cierta sensibilidad en el diente. Ésta es la primera de las diferencias entre un implante y un puente dental, aunque ambos sistemas tienen el mismo objetivo: recuperar las piezas dentales.
Diferentes tratamientos un mismo objetivo
El implante y el puente cumplen la misma función: sustituir las piezas dentales perdidas. Sin embargo, el modo de aplicación de ambos tratamientos es muy diferente.
Cuando nos sometemos a un tratamiento de implantología, se sustituye la pieza dental y la raíz de esta. Es una operación en la que se inserta un pequeño tornillo de titanio, que actúa de raíz, en el hueso mandibular del paciente. Así evitamos que la pérdida del diente acabe afectando al hueso.
El puente dental es una prótesis compuesta por una o varias piezas engranadas que van encajadas en la mandíbula para cubrir espacios que están vacíos, por lo tanto, no hay operación. Eso sí, siempre es necesario tallar los dientes adyacentes sanos.
Cuidados postratamiento
Con un implante dental, durante los primeros días, el paciente debe aplicar frío sobre la zona tratada, cepillar con suavidad o tomar alimentos fríos, semi-fríos o blandos. Sin embargo, el puente, al ser menos invasivo, requiere otros cuidados que se centran fundamentalmente en la higiene. Además, el masticado no constituirá ningún problema ni dificultad.
Puente o implante, ¿cuál es mejor?
Dependiendo de las necesidades de cada paciente, los puentes dentales son una buena alternativa frente al implante. Un ejemplo lo encontramos en las posibilidades de rechazo del implante en función de las afecciones o patologías previas que presente el paciente, aunque no es una situación muy común. El factor económico también influye a la hora de decantarnos por una u otra opción: el puente es menos costoso que el implante.
No obstante, el implante es una buena opción, pues su colocación no daña los dientes adyacentes (no hay necesidad de limarlos) y supone una inversión a largo plazo. En cambio, la vida de un puente dental gira en torno a los 10-15 años, aunque puede alargarse si se mantiene una atención y cuidado adecuados.
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